Estas cosas son de verdad: se tocan
se respiran. Te envuelven.
Y tú sobre ellas tiendes las redes de tu reino
y nos entregas luego su vida renovada.

El tacto se demora en el yute, en la lana
que no olvida su origen;
se esconde, se acostumbra
al dócil algodón que comparte su ser
con el lino y la seda,
la seda resbalando que tus dedos enhebran.
La fuerza de esos dedos traza
sobre la urdimbre
los pájaros y el agua, las mañanas, el fuego,
la montaña y su nieve,
la arena en las orillas, la llamada del bosque,
el viento en los almendros:
nuestro fugaz otoño
y los veranos largos.

Todo nos lo devuelve tu mirada encendida
con colores más densos, como recién salidos
de su cuna primera.
A todo le da luz
el juego de tus ojos,
este preciso amor con que alumbras la trama.

Y ellas, estas cosas que tocas,
Oyen desde lo hondo de su frágil dureza
La voz que, de tus manos, les canta cada día:
Vive, Naturaleza.
Renace de ti misma.
Sé carne de mi sueño, y sé tierra, y sé ala.
Sé conmigo materia. Vive mi propia vida.
Aurora Saura (Para Menchu)